Los españoles nos quejamos – con justicia – de ciertos tópicos. El caso de la siesta es un buen ejemplo. Hay quien cree que todos la dormimos, a diario, todo el año.

      Pero en ocasiones contraatacamos con una sarta de lugares comunes sobre Centroeuropa:

  • Nadie sale de casa.
  • No hay bares.
  • Hace mucho frío.
  • La gente es triste y aburrida.

     Esto es rigurosamente falso: la oferta disponible para el tiempo libre es muy abundante y variada. Bares y discotecas, lo que quieras. Para cenar, no aconsejo ir sin reserva. Y una clave: los mejores restaurantes del país están en pueblos.

     Sobre la gente, recuerdo cuando preguntaron a un hombre de Estado inglés qué pensaba de los franceses, y dijo: ´no sé, no los conozco a todos´. Mi experiencia es que si haces por relacionarte con los nativos, la acogida es muy buena, no te quedes aislado en una burbuja.

     La tentación comunitarista es muy fuerte, por miedo e inseguridad. Un riesgo para los inmigrantes – la palabra ´expat´ me parece pretenciosa – es no dar la oportunidad al país. Así pues, nada de limitarte a personas de tu mismo origen.

     Luxemburgo y su gente no decepcionan. Alterna, sal, conoce, relaciónate y vive el país.

Fuente :

Jesús Manuel Calleja Quintana  

  jesus.letzebuerg@gmail.com

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